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Mirad que mensaje más obscuro e inquietante ha llegado a mis manos, camaradas: "Fue un día por la tarde, no hace mucho tiempo, que yo, el Dr. Luisvinsgton y otros colegas de profesión, nos hayabamos tomando café en un pequeño y obscuro local en un coqueto y animado barrio de Sevilla City. Perdonen si no desvelo más datos de nuestras identidades, pero dado que, en realidad, por su propia seguridad no deberían estar leyendo estas palabras, al menos les evitaré que nos conozcan más profundamente, aliviando, espero, el peso que sobre ustedes recaiga por conocer estos hechos. Sin embargo tal y como transcurría la conversación, no podíamos dejar de notar una sensación trágica y angustiosa, como un lamento que se hubiera estando difundiendo desde el instante mismo en que el tiempo y el espacio fueran creados en el albor del Universo. Por supuesto, esta inquietud creo un poso de intranquilidad en nuestra reunión, y aventureros como éramos - para nuestra desgracia como se comprobó más tarde - comenzamos a pensar en localizar la fuente de nuestras inquietudes. Al salir a la calle comprobamos algo extraño. No había apenas gente, y la que había, nos miraba de forma oblicua, podríamos decir, lo que nos llevaba a una mayor inquietud, pues cuando se le intentó preguntar a esas personas el paradero del resto de la gente que, en cualquier día normal habría poblado las calles de la ciudad, sólo respondía algo que no pudimos comprender, un rugido gutural y primigenio, no de este mundo desde luego, y que intentaré traducir de la forma más similar a como mi cerebro es capaz de recordar: Verogh'nica. Aún siento escalofríos cuando recuerdo ese sonido... Pese a esto, nuestro grupo siguió avanzando, y nuestros pies parecían no pertenecernos, pues hacía horas que habíamos dejado de pensar en que ruta seguir. Todo era más oscuro, no por que el sol se hubiera puesto, cosa que sorprendentemente no había ocurrido, sino por que los colores iban desapareciendo, dejando el mundo gris, sin contrastes. Al fin, nos detuvimos, y pudimos contemplar un edificio blanco, alto, rodeado de unos jardines sin vida, oscuros y tétricos. Según el punto de vista desde el que lo observases, las esquinas del edificio se agruparían de distinta forma, como llevadas por una geometría extraña a este mundo. Entramos como pudimos, arrastrándonos por lo que parecían unas escaleras ciclópeas, y nos produjo terror descubrir que bajandolas llegamos a lo alto de la torre del edificio, desde la que pudimos, al fin, contemplar la razón de nuestros tormentos. Vimos un arco, tan enormemente alto que su punto más alejado parecía estar cercano, con una inscripción que, si bien nuestros ojos no podían describir, nuestras mentes podían entender sin ningún problema : Aula 42. Al traspasar el umbral lo vimos, amorfo y cambiante, crisol de todas las abominaciones de otros mundos, y una multitud lo aclamaba: Verogh'nica. En ese preciso instante, caí inconsciente. En sueños que desprendían pavor pude oír gritos y llantos, expresiones de dolor alumbradas en la remota antigüedad. Yo desperté hace unas horas en la calle, en medio de la multitud, pálido como un muerto. No sé el paradero de ninguno de mis camaradas, aunque puedo imaginarlo. No creo que los cultistas me dejen con vida mucho más tiempo. Mis más sinceras disculpas, sentí la necesidad de escribir esto, para dejar constancia escrita de los sucesos que nos acaecieron, antes de perder definitivamente la cordura, o la vida. Ahora me arrepiento, pues me he dado cuenta de que todo aquel que lea este documento correrá mi misma suerte. Sin embargo ya no hay nada que pueda hacer. La obscuridad crece y un sudor frío recorre mis cuerpo. Ya han venido..." ¿Debería preocuparme?
luis | Paranoia, Relatos (no muy) cortos | Domingo 14 Mayo 2006 5:27am
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