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Lo único que conocían de aquel extraño el resto de gente que en ese instante reía, bebía, o simplemente refunfuñaba en algún rincón era justamente que conocían nada de él. Su mirada torva y oscura simplemente no animaba a entablar conversación ya saben, es una era muy oscura como para ir compartiendo hidromiel con el primer forastero que entra a la posada. Sin embargo el posadero sí debía saber algo más sobre el extraño, puesto que al menos debía hablar con él cuando este le pedía las bebidas que con tanta avidez consumía, y un ser tan hablador como el posadero no podría darse por vencido con ningún consumidor sin antes haberle extraido algunas palabras. Así pues, me dispuse a pedir una bebida yo mismo para atraer al posadero a mi mesa. Tras beber un sorbo de un licor muy caro conocido como "El Daño", conseguí que el posadero atendiera a mis preguntas, ya que el desembolso por el trago bien valía un servicio de información adicciónal, o dos. Al parecer el individuo era el único superviviente de una tribu de hombres del Este. Estas tribus, azotadas en las guerras entre el Oeste y el Sur, había logrado escapar a la muerte en muchas ocasiones. Aunque el posadero no dio detalles de como consiguió esto, es fácil comprender como pudo escapar a un destino tan claro como el que tuvieron esas gentes. Sólo un destacado guerrero podría haber sido mantenido con vida, al ver el hombre al cargo de arrasar su aldea como acababa con varios de sus propios hombres con una corta edad. Habría sido forzado a luchar por aquellos mismos que eliminaron a su propia familia. Lo que si dejó bien claro el posadero es que el extraño no es hombre de muchas palabras, y aquel que las pronuncia tiende a verse envuelto en su propia muerte de forma aún más dolorosa que rápida. Sin duda no desea dejar rastro, deberá tener perseguidores, posiblemente se haya convertido en desertor... El posadero se aleja rapidamente, sin ni siquiera cobrar la bebida. De repente el forastero esta junto a mí.... -¿Se puede saber que es lo que busca, joven?, preguntó. -Eh... nada, por supuesto, sólo acabo de ordenar una bebida y .... dije temboloroso. El extraño tomó el baso, bebió lo que quedaba, me dedicó una mirada torva y volvió a la esquina en la que un instante antes se sentaba agazapado.
luis | Relatos (no muy) cortos | Domingo 04 Junio 2006 3:04pm
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