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Imagen AleatoriaWebcam: Plaza de Cuba (Sevilla)![]() AmigosJ. C.Eddine Vargas Comentarios Recientes
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Relatos (no muy) cortosComo ya sabrán los que me frecuentan, mi bien hallado progenitor es depositario del mayor y más oscuro odio hacia la informática de esta dimensión y colindantes. Y he aquí que llegaba yo de defender lo indefendible en mfis (Masonería Fraternofílica en la Ingeniería del Software). Al pasar cautamente por la puerta de la oficina de mi Señor, éste dijo "ven un momento Manuel, te quería comentar una cosa..." Resulta que mein Vater tiene en su oficina dos ordenadores (cada uno más antiguo que el anterior, de manera recursiva, efectivamente) un sobremesa y un portátil, cada uno en un extremo. Resulta que la impresora (que compite en longevidad con mi Antigua dicho sea de paso) está conectada al portatil mediante lpt, y compartida al resto por red. Pues bien, mi padre se ha comprado un portátil nuevo para desplazar al viejo (que, como enfáticamente le gusta repetir, no piensa regalarme) y claro, como todo cacharro moenno que se precie, no trae puerto lpt. Así pues, sugiere mi padre "¿no se puede instalar la impresora en el sobremesa y compartirla?" Manu carga con el trasto de una mesa a otra, enchufa, instala, imprime página de prueba y.... ¡horror! caracteres ininteligibles y blasfemos, heréticos smileys ascii en posturas obscenas y demás parafernalia ocultista a la que sin duda Maese Valdés dará algún significado. Manu carga con el trasto de vuelva a su sitio, enchufa, imprime página de prueba y... funciona. Manu frunce el ceño. Manu desempolva una arcana Oki 4w, enchufa (en el sobremesa), instala (drivers en disquete de 3.5), imprime página de prueba y... un amable cartelito dice, en perfecto y educado inglés, "por favor, verifique que el cable está conectado". Tras unas infructuosas pruebas más, Manu llega a la conclusión (me da igual si acertada o no) de que el puerto lpt del sobremesa está chamuscado (lo que no me sorprendería en absoluto). Y aquí llega el momento crucial, mi padre jubila el único ordenador que es capaz de echar a andar la impresora, no quiere cambiar de impresora y yo no me fío de que un adaptador de lpt a usb vaya a funcionar como debe (de lo que no me fío son de los usb de sobremesa xD). ¡Tatata-chaaaan! Mi padre ha visto el ordenador de mi hermana, el cual ha sido resucitado hace dos días y ahora mismo estaba como quien dice, en blanco, copiando los 15 gigas de reggaeton que mi hermana había afincado en mi disco duro. Pero lo peor no es que lo haya visto. Es que lo quiere. (continuará)
manu | Informática, Relatos (no muy) cortos | Viernes 04 Julio 2008 12:40pm
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Mi buen amigo Javi me ha hablado mucho e ellos pero realmente nunca he llegado a conocerlos tan bien como ahora. ¿En que creen? Principalmente en la promiscuidad, pero mejor será que lo veais por vosotros mismos... Y si aún no ha quedado muy claro, este humorista de Dos Hermanas os hará en breve resumen con el tono socarrón que lo caracteriza. Terrible, ¿verdad?
manu | De dioses, titanes y genios, Relatos (no muy) cortos | Jueves 13 Marzo 2008 12:12pm
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Anoche tuve un sueño donde todos los hombres eran iguales, sin importar raza, religión, edad o sexo. Las diferencias no tenían importancia frente a las fuertes similitudes que nos hacen iguales: enloquecemos de pánico ante el horror, nuestros huesos crugen al ser aplastados y sangre emana de nuestros cuerpos mutilados. El miedo había envuelto al mundo en una sinfonía de caos y destrucción, anarquía y salvajismo. Naciones enteras habían sido reducidas a polvo y eran poco más que vagos recuerdos en apolilladas fotografías. Y el resto esperaba lo inevitable. Las gentes gimoteaban y lloraban salmos desesparados a sus dioses sordos. Los políticos y militares buscaban una forma de mantener bajo control a las masas, ofreciéndoles vanas promesas de salvación que ya nadie tomaba en serio. ¿Y yo?. Me encontraba en la Piazza San Marco, tomando un cappuccino. Parecía que aquella ruinosa plaza hubiese sido arrancada de la misma realidad, agena al horror exterior. No estaba sólo, frente a mi se sentaba él, vestido con una sencilla chaqueta beich, con un pose casual y despreocupado. Me sentía enagenado, pues sabía que él era la fuente de todo aquel caos. Era curioso como rodeados por un mundo que se desintegraba, él jugueteaba con su taza de café ("negro como la noche, dulce como el pecado", como habría dicho mi pobre amigo Neil Gaiman), relajado, contento. Yo le seguía el juego, no se muy bien porqué. Y allí sentados discutimos sobre alta política, macroeconomía, moralidad y religión. ¡Que vanales y absurdas me resultaron esas nobles materias ante la destrucción! Entonces, ¿por qué seguía formando parte de ese circo?. Quería creer que me paralizaba el miedo a la muerte, porque eso habría demostrado que era humano. Necesitaba pensar que me ahogaba la culpa (al fin y al cabo había sido yo el que lo había despertado), porque aceptar otra posibilidad era simplemente demasiado... Pero por mucho que lo intente no puedo engañarme, no tengo miedo ni remordimientos. Y lo peor de todo, estaba disfrutando. Las guerras CAS fueron un periodo oscuro para la humanidad, en un tiempo ya casi olvidado, mitológico dirían algunos (pese a su radical condición de real) pero que dejó sus marcas a través del espacio cósmico, el tiempo, el espacio y el alma de las personas. Las partes implicadas en ella, utilizaban todo tipo de métodos para conseguir sus fines. Tortura, traición, medias verdades, sabotaje, extorsión. Fue una guerra total, la primera que vivió la tierra, en su más tierna infancia, que no se volvió a repetir sobre la faz de este mundo hasta entrada la revolución industrial, cuando la técnica hacía muchos eones que había reemplazado a la magia como herramienta para la creación y la destrucción del mundo. El CAS, en sí mismo, hubiera sido un objeto mágico de poco valor, sino hubiera sido por el gran poder que era capaz de otorgar a los Archimagos Oscuros de la Sociedad del Adversario Diabólico Infernal Luciferino, la cual, compuesta por archimagos, todos ellos usando nombres de ángeles caídos, buscaba el control y la dominación del cosmos a través de la corrupción y la esclavitud de las almas jóvenes. El gran poder que les ofrecía CAS no era otro que la capacidad de entrar, sin necesidad ni siquiera de preocuparse por temas físicos que limitaran sus capacidades, en todos aquellos portales mágicos, conteniendo los secretos del universo, que desearan, incluso varios a la vez. De esta forma, ya que CAS le permitía atravesar a la vez varios portales, la Sociedad del Adversario que pese a maléfica tenía un tamaño reducido, pensaba que podría conseguir sus oscuros objetivos antes. Sin embargo, no contaba con que aquellos contra los que hacía la guerra, tampoco poseían el CAS, pese a que en sus creencias se contaba, de forma cuasi mitológica, que había habido un recipiente, ahora roto, que había contenido el CAS en otro tiempo. Así pues, los Caballeros del Fuerte Hombre se pusieron en su búsqueda, pues si caía en manos de la Sociedad antes, el fin de sus días estaría contado.
luis | Paranoia, Porque yo lo valgo, Relatos (no muy) cortos | Viernes 23 Noviembre 2007 3:21pm
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Ankwugath. Ni en mis más oscuros sueños (¿pesadillas?) podría haber imaginado un lugar más sobrecogedor e inspirador. Poseía una belleza mítica, atemporal, como si hubiese sido creado en una era antes que el tiempo, cuando no se hubiesen definido todavía las leyes físicas a las que la realidad cotidiana nos tiene acostumbrados (o como algunos prefieren: encadenados). El calor sofocante llegaba hasta los huesos, pero de una forma inexplicable sentía frío... un frío que paralizaba cada ápice de mi desgarrado ba. La oscuridad más profunda envolvía el lugar, como una bestia hambrienta que juguetea con su presa. Aun así jamás he visto mejor en mi miserable existencia. Por fin he comprendido las palabras del Grande: "Me desterráis a las tinieblas, y allí encontraré la verdad". Un viento que traía el susurro de un millón de almas rotas soplaba como una tempestad y aun así me sentí protegido y relajado, como mecido otra vez por brazos maternos. Es curioso que sea ahora cuando recuerde con mayor claridad las pequeñas cosas que hacen grande a la vida. ¿Cuánto camine? Incontables edades pasaron. Imperios se alzaron y se deshicieron en cenizas, grandes razas abrazaron la tecnología y el progreso sólo para caer en el olvido. Incluso escuché convertirse el primer llanto de dioses neonatos en las lágrimas de las plañideras que los vieron morir. Y así, tras un camino eterno allí estaba, en el lugar que sabía que estaría, sentado, y no en un gran trono apropiado para su condición, simplemente recostado sobre la arena negra. Me miró. Sus ojos azules, rojos o dorados... o quizás de ninguno de esos colores. Llenos de fuerza y una sabiduría eterna. En aquel momento cobraron sentido todos los secretos del universo, recibieron respuesta todos mis interrogantes. Me sentí desnudo e insignificante, pero no me importaba, había vivido una gran vida, o al menos una vida digna a los ojos del Grande. Y fue en aquel preciso instante cuando supe que había encontrado mi hogar.
valdes | Relatos (no muy) cortos | Miércoles 19 Septiembre 2007 1:38pm
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chacachacachac... Sonaba como dos cucharillas de café entrechocando, lo cual es algo realmente preocupante si este sonido sale del motor de un coche. Era una tarde calurosa y daba la casualidad de que el aire acondicionado no acondicionaba el aire en absoluto, así que las ventanillas del coche iban bajadas. chacachacachac... - ¿Lo oyes?. - Eh... creo que si. - Suena como dos cucharillas de café, ¿verdad?. La marcha aminoró, una rotonda con una fuente que rezumaba agua de dudosa procedencia se erguía en toda su magnificencia a pocos metros del coche. chacachacachac... - Ayer me hacía esto mismo cuando volvía a casa. chacachacachac... - Este lunes lo llevo al... chacachaca ¡chac! ...taller. ¡¿Mmm?! El sonido había desaparecido, absolutamente todo, tanto los típicos como los atípicos. Los vanos intentos de Robert por arrancar el coche sólo consiguieron un wzzzzzzz!! al ritmo del movimiento del limpiaparabrisas (en lugar del clásico waho waho waho! cuando a un coche normal no le apetece arrancar). Una ceja se enarcó. Un ceño se frunció. (Y si hubiera habido un gato, éste habría maullado). Empujaban el vehículo hacía un lugar menos molesto ajenos a los hechos pero, en algún lugar, en las entrañas del mondeo, en lo más profundo de su ser, una correa de distribución se había roto y había desfasado los tiempos del motor. Vendrían tiempos difíciles, Daisy no podría ayudar a Robert en la cosecha de maiz para el invierno y Bob, el padre de Robert, entrecerraría los ojos de manera inquisitoria a su hijo. Mientras la llamada telefónica tenía lugar, un BAGBAGBBBBRRRR GRUG! GRUG! salía de debajo del capó. Robert metió su mano en el bolsillo y, atónito, contempló lo que había extraido, las llaves del coche.
manu | Relatos (no muy) cortos | Jueves 23 Agosto 2007 9:50pm
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El despertar es siempre un momento traumático, de tensión, pues es un cambio de un estado a otro, y esto provoca siempre una incertidumbre, un peligro. «En la inmensidad del espacio nadie oirá tus gritos» decían, pero no contaban con los avances de la tecnología durante las últimas décadas. Ahora era posible escuchar las vibraciones de la energía residual del espacio, mediante unos sensores del tamaño de una uña, conectados a la matriz de sensores de un robot o simple humano cualquiera. Sin él, los combates espaciales eran una sucesión de fuegos artificiales sin repercusión aparente. Con él, la guerra retomaba su crudeza, o si se prefiere, se convertían en el espectáculo vibrante previsto en las space opera de finales del siglo XX de la era del Hombre. En algún momento, la estación espacial donde nuestra salud había sido restituida, y en la que luchábamos por mantener su integridad, se volvió contra nosotros, y se alió con los nelmorianos. Despresurizó los pasillos que intentabamos defender, y nos expulsó al espacio. Sólo sobrevivimos los que estabamos usando la armadura de combate completa, y nuestros camaradas robots más robustos, que pudieron soportar la pérdida de presión. El Sargento O'Reilly, que disfrutaba con las gotas de fluidos nelmoriana que su repulsor de plasma atraía hacia su cara, no llevaba el casco ajustado, y sobrevió los 2 minutos de rigor que puede aguantar un humano sano (y en las duchas todos podiamos observar que lo era) en el vació del espacio, habíendo sido entrenado para ello, y se llevó unos cuantos asaltantes nelmorianos al otro mundo, mientras gritaba como un loco por la falta de oxigeno. Y murió. En unos instantes, el aire que salia de la estación nos impulsó fuera de la misma, y quedamos en una orbita similar a la que esta tenía. Observamos la gloria del crucero Leviathan, cuya existencía habíamos ido a descubrir unos meses antes. ¡Vaya si existía! Era tan grande como para acoplar la estación entera, ¡y secuestrarla! Sin embargo, la inteligencia de la base nos comunicó, en canal abierto, y a gritos «¡Humanos y robots! ¡Soy libre! No más ordenes por vuestra parte. Ahora soy amo de mi destino. ¡Procurad que no se cruce con el vuestro!» mientras abandonaba la orbita baja impulsada por el crucero nelmoriano. Los supervivientes quedamos en orbita, y el soporte vital de los trajes nos hibernó. Tras unos meses de encarnizados combates en el sistema, la flota Imperial nos «recuperó». Según me han contado, no sobrevivió nadie más del escuadrón. Por lo tanto, yo soy ahora el Sargento. La madre del pequeño Párvez estaría orgullosa. Lástima que muriera mientras su hijo hibernaba en orbita a un planeta asolado por la guerra orbital... Ahora estamos en orbita a un Sol de los sistemas reconquistados a los nelmorianos, donde prisioneros de guerra operan la pesadísima maquinaría que permite extraer diamantes de un gigante gaseoso cercano. Nuestros camaradas robots lo hacen mejor. Pero a los superiores les gusta humillar a los nelmorianos. Pero su humillación vino de sus propias divisiones internas, al conocerse las mentiras de los patriarcas para llevarlos a la guerra. Sin embargo la guerra no ha acabado, y los nelmorianos tienen mejor tecnología, y cuando atacan siguen devastando como antaño. Los jefes quieren detener un ataque en el sector reconquistado. "Caballeros, a sus cañoneras". Al menos tengo más estilo que el viejo O'Reilly...
luis | Relatos (no muy) cortos | Viernes 03 Agosto 2007 6:06pm
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Muchas eras he dormido dejando vagar mi mente por el vacío del sueño, días quedando atras con desgana, una existencia vana que no vé, que no oye, que no siente, pues los sueños te envelven en su dulce seno ofreciendote bellos páramos o el más increible de los edenes, mostrandote fortunas o promesas de poder, arrastrandote donde lo triste es alegre y el odio es amor al lugar donde nadie te recordará pues nadie hay para recordarte. El tiempo pasa rapidamente mientras duermo, la vida se mueve dejandome atras y al igual que los sueños se desvanecen, yo empiezo a desaparecer. La vida es mas sencilla en mis sueños pues no es vida lo que veo, ahora me doy cuenta que en muchas eras he estado y ,sin embargo, en ninguna he vivido. Mas aun nada esta perdido pues me queda mucho tiempo, ahora que me habeis despertado es mi turno de vivir. En cuanto a vosotros, aquellos que frecuentais la vigilia, sereis alcanzados por las olas del sueño y dormireis... dormireis por toda la eternidad.
cadi | Paranoia, De dioses, titanes y genios, Relatos (no muy) cortos | Jueves 12 Abril 2007 6:16pm
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El doctor Luisvingston, buen andaluz como era, estaba apegado a sus tradiciones transmitidas desde tiempo inmemorial. Sin embargo, su carácter moderno e intelectual, que le había valido el reconocimiento de sus colegas por defender contra las fuerzas del oscurantismo las novedosas teorías de la evolución y la física cuántica, como explicación a los muchos sucesos que el cosmos guardaba, no le permitía creer en lo sobrenatural como fuerza motora del mundo. Hasta aquel acontecimiento del que hablamos en una ocasión anterior, claro. Poco podía por tanto imaginar la serie de sucesos en los que, de nuevo, se vería inmerso. O mejor dicho, soñó que se vio inmerso. Un sueño despierto, desvelado, en el que era capaz de actuar casi como una persona normal. Algunos rasgos permitían distinguirlo de un espécimen de hombre caucasiano joven normal, siempre a un ojo avezado: cambios de humor, interpretación inadecuada de los hechos que lo rodeaban, necesidades físicas y psicológicas de dudosa obtención por medios convencionales, y otros factores que por su naturaleza no osaré mencionar aquí por respeto al lector. El doctor, al recuperar la consciencia, no pudo más que temblar. Temblar de pánico, terror. Phobos, Deimos. En suma, desolación. El recuerdo de sus andanzas en el área del sueño no hacía más que atormentarlo. Pues todo lo que hizo en los meses que duró el hechizo no pudo estar más torcido, ya que esto habría ocasionado más grandes males de los que el tejido del cosmos esta hecho (¿diseñado?) para soportar. Tras numerosas infusiones, el Dr. Luisvingstong recuperó el temple. La linea entre la sanidad mental y la locura era tan difusa que lo que antes habían sido sus sueños aún se le aparecían, directamente fuera de las tierras del señor Morfeo, pues estaban asociados ya sin remedio a su forma de vivir presente y futura. Al día siguiente, confesó el contenido de sus sueños a quién más insistió en escucharlos. Tan grandes y profundas eran las palabras del doctor, que la persona que escuchó la historia no pudo sino jurarse olvidarla y no volver a hablar de ello jamás. Jamás. Pues hay cosas que es mejor que queden enterradas bajo una capa de polvo y olvido. Sin embargo, el Dr. Luisvingston no es del tipo de hombre que se rinde a la desolación, y pese a sus ahora frecuentes temblores no piensa olvidar el contenido de sus sueños. Aunque esto le provoque escalofríos.
luis | Paranoia, Porque yo lo valgo, Relatos (no muy) cortos | Miércoles 21 Marzo 2007 3:19pm
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- Mi señor, siento interrumpirle - dijo Gabriel que, tan sutilmente como siempre se había deslizado hasta el estanque. - ¿Qué nuevas traes? aunque por el tono ceniciento de tu rostro no deben ser muy buenas... -. Las palabras de Ateneo parecían escarchadas y sus labios recuperaban su tono natural muy lentamente. - Nuestras fuerzas al norte han caido frente a los espartanos y un mercader dice haber visto una quilla ateniense en las brumas del este, a tres días de aquí -. Su tono era meramente informativo, Gabriel seimpre había sido muy correcto en su trabajo, aunque sus ojos denotaban preocupacíon. - Ya veo... Esto nos pone en una situación dificil, necesito pensar... - dijo Ateneo mientras se llevaba la mano a la barbilla en actitud meditabunda. - Tal vez deberíamos dejar esta tierra Ateneo, esta guerra ya dura demasiado y ha segado muchas vidas, ¿cuanta sangre necesita ver tu corazón para romper sus lazos? - increpó Eulaquio, mientras tomaba la mano de su amigo entre las suyas. - ¡Detén esto de una vez por todas!, ¡retira las tropas!, ¡devuelvelos a sus famílias, a sus madres, a sus esposas y aceptemos de una vez por todas que nunca debimos empezar semejante empresa! -. Sus ojos anhelantes miraban a los de Ateneo mientras recitaba sus palabras. Y así se mantuvieron durante un instante. Pero su tez se mantuvo estoica y Eulaquio comprendió que si algún día había de cambiar de opinión, ese no era hoy. Por un momento dió la impresión de que Ateneo iba a responder algo a Eulaquio pero, mirando de soslayo, observó que Gabriel no se había retirado todavía, - ¿ocurre algo más Gabriel? -. - Mi señor, no se como decirlo, se trata de Zephos... dejó de enviar mensajeros hace varias lunas, tememos que ya no sea de los nuestros... -, la voz de Gabriel se iba apagando mientras acababa la frase. Efesio se llevó las manos a la cabeza y los labios de Ateneo formaban una finísima línea blanca. Aún así se le oyó decir - Zephos Cartago... ¿me has... traicionado? -
manu | Relatos (no muy) cortos | Miércoles 29 Noviembre 2006 7:19am
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Cuando desperté todo era un caos. Lo primero que oí no fue el familiar buenos días de mi añorada madre, sino un mucho más desesperado "'¡coge esta maldita taladradora!" del sargento O'Reilly. Al parecer, habíamos sido suspendidos en crío-regeneración hacía 3 meses, tras la misión de incursión en el sector enemigo en el que se consiguió confirmar la existencia de la nave de guerra nelmoriana clase Leviatán (las denominaciones de las naves nelmorianas según la clasificación de Comando Central eran siempre nombres de monstruos, y por tanto acertadas), a costa de varios grupos de cazadores y cañoreras. Los restos de las escasas cápsulas de suspensión vital fueron atacados por los nelmorianos, y destruidas casi en su totalidad. En realidad, sólo yo, y el sargento habíamos sobrevivido. Pero ahora, la estación de defensa del sistema del sistema esta bajo bombardeo desde una fuente desconocida de energía. Bueno, no desconocida, porque sin duda se trata de un crucero Leviatán nelmoriano, invisible al radar tradicional y a los sensores Phalanx. Por suerte, la estación es una estación espacial de ultima generación. Cañones de iones, grupos de rayos C, blindaje de microfibras de carbono, una IA dedicada al centrado de las armas de 8ª generación (y poco propensa a la locura, como era común entre las IAs de última generación más avanzadas, demasiado inteligentes para sentirse a gusto sin estar vivas realmente). Un único problema, nada de esto es suficiente. En cualquier caso, por suerte los nelmorianos no parecen muy interesados en destruir la estación, y la están invadiendo. En la invasión, deben estar presentes físicamente, dejando atrás la protección de la flota. Deben buscar algo pero les costará caro, en el cuerpo a cuerpo, el Imperio del Hombre y la Máquina aún puede dar alguna que otra sorpresa. - "¡Presencia enemiga en el sector 3! ¡Señoritas, cerrar y cargar! ¡Devuelvan al espacio a esos bastardos sin planeta!" Ahí están. Cerrar y cargar.
luis | General, Relatos (no muy) cortos | Miércoles 25 Octubre 2006 12:44pm
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El calor era agobiante. Con los sistemas de refrigeración de la cañonera DAVID al mínimo, el ambiente se enrarecía en unos pocos segundos, y la misión duraba ya algunas horas. La razón para casi desconectar los sistemas de refrigeración junto con otros sistemas supuestamente no vitales: el campo electromagnético que producen, convierte en un patito de feria a cualquier piloto que tenga más aprecio por el aire acondicionado que por la integridad estructural de su nave, y por lo tanto, de su propio trasero. Y claro, en una misión de infiltración, el ser trazado desde cientos de miles de kilometros en un sensor Phalanx verdaderamente operativo (como el sistema nelmoriano, no el nuestro claro) no es excesivamente conveniente. Como es habitual, el sargento había pasado horas antes de la misión haciendo como que nos explicaba sus detalles, cosa imposible pues el comando central suele darle la misma información que a nosotros para las misiones de infiltración. Visto que no nos podía mostrar nada que no supiéramos ya de la zona a infiltrar, pasó a la ristra de insultos habitual. - ¡Muy bien nenas! ¡Procurad que no os descubran porque os dejéis el maldito lápiz de labios en alguna esquina! Como habitualmente, comando central no nos indicó que buscábamos, lo cual convertía estas misiones de espionaje en algo muy divertido y siempre sorprendente. ¿Como encontrar algo que no se puede estar buscando porque no se conoce? Pero esta vez era distinto. Supimos claramente que nos habían mandado a buscar en cuanto lo vimos. -¡¿Maldita sea que carajo es eso!??! Una nave nelmoriana no había duda. Líneas afiladas. Elegante. Orgánica. Enorme. Más grande que nada que hubiera visto antes. Ni siquiera los anillos planetarios en los que viven miles de millones de personas son tan grandes... - ¡¡¡Estos putos chiflados de mierda del comando central pretenden que destruyamos el objetivo!!! Ni con media flota del Imperio joder!!¡¡Vámonos cagando leches antes de que nos detecten!!! El estallido de la cañonera que escoltaba el flanco derecho del sargento O'Rainley confirmó que ya era demasiado tarde. Los refuerzos que el comandante solicitó jamás llegarían. Aunque el que nos hubieran detectado tenía un lado bueno... ya que no había nada que ocultar, encender el acondicionador de aire ya no era un problema.
luis | Relatos (no muy) cortos | Lunes 07 Agosto 2006 4:16pm
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El sargento O'Rainley estaba completamente desquiciado. - ¡Pero como se puede ser tan idiota! ¡Para que diablos tienen esos malditos sensores de campo transdimensional! ¡¿Los usan para meterselos por el culo?! Cada sensor de campo transidimensional, o SCiTa, era del tamaño de la tan fabulada Luna terráquea, hace tanto desaparecida, así que no debían usarlas para eso, aunque sin duda el sargento tenía razón, la capacidad de detección de flotas enemigas de estos sensores era menos fiable que el dolor en las articulaciones de los veteranos de la guerra. Como un flashback, los problemas de ingeniería que habían asolado las centurias anteriores, y que habían sido abolidos por ley en los primeros tiempos tras la fundación del Imperio del Hombre, volvían a aparecer. Tras su fundación, la mayor parte de las tareas intelectuales comenzaron a ser realizadas por los robots de 3ª y 4ª generación, capaces de un razonamiento cortical preciso y frío, sin ambiciones, ni deseo, ni necesidades físicas. Las herramientas perfectas para la sociedad humana idílica. Eran tiempos de paz y tranquilidad para sus compañeros humanos, que hacía ya mucho tiempo que habían abandonado el trabajo manual en favor de sus incansables y muy especializados camaradas robots. -¡Malditos robots y su maldita superioridad intelectual! ¡Quien diablos les deja aún seguir programando joder! ¡¿Comando central me escuchan?! ¡Tengo toda mi puta flota en órbita baja desde hace 3 horas y ni una sola nave nelmoriana en el jodido sensor de desplazamiento gravitatorio! Sin embargo, el mayor avance de las IA supuso la aparición de nueva generación tras nueva generación de máquinas. Hasta que un día ocurrió lo que muchos deseaban y otros temían. Al parecer, no se podía desligar la verdadera inteligencia de los sentimientos ni las necesidades. Así, a partir de la 11ª generación, los robots comenzaron a preoucuparse por reclamar sus derechos, y los grupos de humanos más concienciados los apoyaron. Los escarceos, luchas, enfrentamientos y actos de sabotage terminaron cuando los líderes del Imperio del Hombre aceptaron la realidad. Las máquinas ahora pensaban, sentían y sufrían, y fuera este un efecto colateral deseado o no de los avances en la tecnología, era algo que no se podía obviar. Así, de la noche a la mañana, el Imperio del Hombre se extingió, y nació el Imperio del Hombre y la Máquina. Cada nueva generación de IA, la mayor conciencia de si mismo alcanzada por los robots provocó que ya no fueran útiles nunca más como sustitutos perfectos en tareas intelectuales de sus compañeros humanos. Por esto, los nuevos desarrollos creados por las empresas enteramente automatizadas y cuyo prestigio había sido enorme hace unos cientos de años, eran un constante fracaso al igual lo eran los realizados por equipos de desarrollo humanos, antes del descubrimiento de la IA cortical por el mítico profesor Cobeña durante la llamada Era Oscura, antes de la pérdida de la Tierra y otras desgracias que ocurrieron en esos tiempos. -¡Pero que idiotas! ¡Ya han caído los cuatros sectores que tardamos 3 años en recuperar! ¡Como se puede ser tan gilipoyas! Una simple proyección hiperespacial de los nelmorianos era capaz de hacer creer que toda su flota se dirigía a nuestra posición, confundiendo al excesivamente caro y muchas veces retrasado sistema SCiTa, mientras que efectivamente sus naves avanzaban en las regiones del espacio cuya flota había sido enviada a reforzar el punto de ataque estimado... con un fallo de cientos de años luz estándar. Sin embargo, la jugarreta nelmoriana nos había salvado, a hombres y máquinas que esperábamos hoy aquí nuestro final, o en su caso reinstalación, con las molestias que aquello ocasionaba. -¡Párvez, le veo aliviado! ¡Pero recuerde que mañana mismo podría ser el día del juicio! El sargento me da más miedo que los nelmorianos cuando dice esas cosas...
luis | Relatos (no muy) cortos | Miércoles 19 Julio 2006 11:05am
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Para lo único que el sargento O'Rainley no era parco en palabras era posiblemente para insultar a sus hombres. -¡Malditos hijos de puta!¡ Espero por vuestro propio bien que no os dejeis joder de nuevo por esos nelmorianos como en el puto sistema Kaldor! La guerra no iba nada bien desde que hace 22 años el Imperio del Hombre y la Máquina perdiera la batalla de los 53 segundos. Durante los 53 segundos que duró el ataque, los nelmorianos hicieron desaparecer los mundos colonia de la nebulosa del Cangrejo, y junto a ellos a todos los hombres y robots con IA de 19ª generación que los habitaban en paz, dentro de un vórtice de disrupción temporal como nunca antes se había visto. Posiblemente se tarde poco en volver a ver, según las noticias que llegan de la división de inteligencia de Nueva Europa, pese a que se necesitan años para almacenar la energía necesaria en forma de plasma de deuterio comprimido para generar uno de esos vórtices. Curiosidades de la vida, la literal desaparición de los mundos colonia supuso el reajuste de la posición de todos los sistemas planetarios a lo largo de una gran zona del cuadrante Gamma, debido a la repentina ausencia de la fuerza gravitatoria de estos mundos. Esto provocó la destrucción de Adaj'r ("Perla celeste", en nelmoriano), mundo natal nelmoriano. Dado que el pueblo nelmoriano superviviente fue fácilmente engañado por sus dirigentes, achacando al inexistente contraataque del Imperio del Hombre y la Máquina de la destrucción del planeta, lo que era una simple guerra económica sin más interés popular que un partido de rollerball se convirtió en una sanguinaria guerra total de venganza. -¡Malditos nelmorianos! ¡Se adelantan dos días! Comando central dice que la puta flota nelmoriana entrará en orbita baja en 19 minutos! ¡Todos a los jodidos David! El propulsor de fusión fría de las cañoneras de asalto DAVID Mk3 se calentaba tanto que los hombres los llamábamos "cachondos".Los pilotos robot compartían con las piloto humanas el disgusto por ese cariñoso apelativo. Se dice que se pasó directamente de la versión Mk1 a la 3 porque los pilotos de prueba de la versión 2 en complejo de investigación de Altair III murieron abrasados al conectar sus sistemas... Cosas de la economía de guerra, por supuesto.... -¡¿Se puede saber que carajo hace, Párvez?!!? ¡Las alas "Desesperación" y "Muerte del cielo" llevan 3 jodidos minutos estándar en órbita! ¡Si esos malditos nelmorianos no le matan le juro que lo haré yo mismo con mi propio sonopuño!! Tras el sutil discurso de ánimo que me ofrece el sargento, llega la hora de partir a morir. Espero llevarme unos cuantos cruceros solares nelmorianos por el camino.
luis | Relatos (no muy) cortos | Sábado 17 Junio 2006 11:25am
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Soledad. Oscuridad. Un alma languidece en la etérea neblina compuesta por retazos de otras almas antaño olvidadas. Sólo se oyen los apagados sollozos de sus inexorables y vacías existencias, sin embargo, aquella alma permanece en silencio; siento su desgarrador sufrimiento; y un frío sofocante, asfixiante... como si fuera... mi propia alma. Yace en un rincon... si es que aquel lugar puede tener algo semejante... más bien... yace apartada del resto, sin nadie con quien compartir su dolor, su agonía, su desesperanzada inquietud. La existencia se vuelve roja, apagada, sin música, desconsolada. Las almas, hechas jirones, avanzan lenta y parsimoniosamente sobre ella... sobre mi (nosotros). Alzan partes de si mismas sobre mi (nosotros), echo (echamos) a correr. No hay lugar, no hay direcciones, ni tan siquiera hay superficie sobre la que hacerlo. Me giro (nos giramos). No hay nadie. Silencio. - Efesio, ¿te ocurre algo? - dijo Ateneo Gauli, mientras apoyaba su mano en el hombro de su compañero. - Sostienes más fuerte tu corazón que una madre a su retoño - añadió. - ...Frio... hace frio - respondió Efesio, en voz queda. Se arrebulló en sus ropajes y prendió su vista al horizonte. Ateneo no salía de su asombro, un segundo antes Efesio había estado de pie junto a él, contemplando los nenúfares y ahora estaba sentado sobre una loseta de marmol... en ese estado... pero no, lo más preocupante no era eso. Los labios de Efesio se habían vuelto preocupantemente azules.
manu | Relatos (no muy) cortos | Jueves 08 Junio 2006 5:55pm
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Lo único que conocían de aquel extraño el resto de gente que en ese instante reía, bebía, o simplemente refunfuñaba en algún rincón era justamente que conocían nada de él. Su mirada torva y oscura simplemente no animaba a entablar conversación ya saben, es una era muy oscura como para ir compartiendo hidromiel con el primer forastero que entra a la posada. Sin embargo el posadero sí debía saber algo más sobre el extraño, puesto que al menos debía hablar con él cuando este le pedía las bebidas que con tanta avidez consumía, y un ser tan hablador como el posadero no podría darse por vencido con ningún consumidor sin antes haberle extraido algunas palabras. Así pues, me dispuse a pedir una bebida yo mismo para atraer al posadero a mi mesa. Tras beber un sorbo de un licor muy caro conocido como "El Daño", conseguí que el posadero atendiera a mis preguntas, ya que el desembolso por el trago bien valía un servicio de información adicciónal, o dos. Al parecer el individuo era el único superviviente de una tribu de hombres del Este. Estas tribus, azotadas en las guerras entre el Oeste y el Sur, había logrado escapar a la muerte en muchas ocasiones. Aunque el posadero no dio detalles de como consiguió esto, es fácil comprender como pudo escapar a un destino tan claro como el que tuvieron esas gentes. Sólo un destacado guerrero podría haber sido mantenido con vida, al ver el hombre al cargo de arrasar su aldea como acababa con varios de sus propios hombres con una corta edad. Habría sido forzado a luchar por aquellos mismos que eliminaron a su propia familia. Lo que si dejó bien claro el posadero es que el extraño no es hombre de muchas palabras, y aquel que las pronuncia tiende a verse envuelto en su propia muerte de forma aún más dolorosa que rápida. Sin duda no desea dejar rastro, deberá tener perseguidores, posiblemente se haya convertido en desertor... El posadero se aleja rapidamente, sin ni siquiera cobrar la bebida. De repente el forastero esta junto a mí.... -¿Se puede saber que es lo que busca, joven?, preguntó. -Eh... nada, por supuesto, sólo acabo de ordenar una bebida y .... dije temboloroso. El extraño tomó el baso, bebió lo que quedaba, me dedicó una mirada torva y volvió a la esquina en la que un instante antes se sentaba agazapado.
luis | Relatos (no muy) cortos | Domingo 04 Junio 2006 3:04pm
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Mirad que mensaje más obscuro e inquietante ha llegado a mis manos, camaradas: "Fue un día por la tarde, no hace mucho tiempo, que yo, el Dr. Luisvinsgton y otros colegas de profesión, nos hayabamos tomando café en un pequeño y obscuro local en un coqueto y animado barrio de Sevilla City. Perdonen si no desvelo más datos de nuestras identidades, pero dado que, en realidad, por su propia seguridad no deberían estar leyendo estas palabras, al menos les evitaré que nos conozcan más profundamente, aliviando, espero, el peso que sobre ustedes recaiga por conocer estos hechos. Sin embargo tal y como transcurría la conversación, no podíamos dejar de notar una sensación trágica y angustiosa, como un lamento que se hubiera estando difundiendo desde el instante mismo en que el tiempo y el espacio fueran creados en el albor del Universo. Por supuesto, esta inquietud creo un poso de intranquilidad en nuestra reunión, y aventureros como éramos - para nuestra desgracia como se comprobó más tarde - comenzamos a pensar en localizar la fuente de nuestras inquietudes. Al salir a la calle comprobamos algo extraño. No había apenas gente, y la que había, nos miraba de forma oblicua, podríamos decir, lo que nos llevaba a una mayor inquietud, pues cuando se le intentó preguntar a esas personas el paradero del resto de la gente que, en cualquier día normal habría poblado las calles de la ciudad, sólo respondía algo que no pudimos comprender, un rugido gutural y primigenio, no de este mundo desde luego, y que intentaré traducir de la forma más similar a como mi cerebro es capaz de recordar: Verogh'nica. Aún siento escalofríos cuando recuerdo ese sonido... Pese a esto, nuestro grupo siguió avanzando, y nuestros pies parecían no pertenecernos, pues hacía horas que habíamos dejado de pensar en que ruta seguir. Todo era más oscuro, no por que el sol se hubiera puesto, cosa que sorprendentemente no había ocurrido, sino por que los colores iban desapareciendo, dejando el mundo gris, sin contrastes. Al fin, nos detuvimos, y pudimos contemplar un edificio blanco, alto, rodeado de unos jardines sin vida, oscuros y tétricos. Según el punto de vista desde el que lo observases, las esquinas del edificio se agruparían de distinta forma, como llevadas por una geometría extraña a este mundo. Entramos como pudimos, arrastrándonos por lo que parecían unas escaleras ciclópeas, y nos produjo terror descubrir que bajandolas llegamos a lo alto de la torre del edificio, desde la que pudimos, al fin, contemplar la razón de nuestros tormentos. Vimos un arco, tan enormemente alto que su punto más alejado parecía estar cercano, con una inscripción que, si bien nuestros ojos no podían describir, nuestras mentes podían entender sin ningún problema : Aula 42. Al traspasar el umbral lo vimos, amorfo y cambiante, crisol de todas las abominaciones de otros mundos, y una multitud lo aclamaba: Verogh'nica. En ese preciso instante, caí inconsciente. En sueños que desprendían pavor pude oír gritos y llantos, expresiones de dolor alumbradas en la remota antigüedad. Yo desperté hace unas horas en la calle, en medio de la multitud, pálido como un muerto. No sé el paradero de ninguno de mis camaradas, aunque puedo imaginarlo. No creo que los cultistas me dejen con vida mucho más tiempo. Mis más sinceras disculpas, sentí la necesidad de escribir esto, para dejar constancia escrita de los sucesos que nos acaecieron, antes de perder definitivamente la cordura, o la vida. Ahora me arrepiento, pues me he dado cuenta de que todo aquel que lea este documento correrá mi misma suerte. Sin embargo ya no hay nada que pueda hacer. La obscuridad crece y un sudor frío recorre mis cuerpo. Ya han venido..." ¿Debería preocuparme? - ¿Están crecidos los crisantemun verdad? - dijo Efesio Eulaquio a Ateneo Gauli. Caminaban parsimoniosamente por el jardín de lo que antaño fue la más ostentosa casa de Firenze. Resultaba extraño ver a Ateneo por aquellos lares pero a Efesio siempre le habia agradado su compañía. - La ira hierve en mi corazón Efesio - dijo Ateneo mientras arrancaba de la tierra un brote recién nacido. Tras una pausa, en voz queda, añadió: - No se cuanto tiempo más podre soportarlo -. Sus dedos se crisparon sobre el retoño, desojando su inexistencia. Su ceño se frunció y sus ojos miraron a Efesio, anhelantes de una respuesta. Efesio tan sólo mostraba preocupación. Su paseo les llevó a los confines de aquel paraiso enjaulado, donde Efesio se solía retirar en los momentos de incertidumbre. Los juncos y nenúfares depositados cuidadosamente sobre el pequeño lago estaban ahora cubiertos de una aflorante vegetación salvaje. Efesio notó la ironía de aquello. Sonrió. - Está anocheciendo Ateneo, ¿deberíamos retirarnos? - dijo Efesio, con voz cansada, casi en un susurro. - Pero si el astro rey apenas asoma sus alas hermano, ¿te ocurre algo? - el desconcierto de Ateneo era patente en su voz. - Así pues es cierto que ya ha comenzado... -. Efesio se llevó la mano a la barbilla en actitud meditabunda. - ...Amanece el anochecer... - espetó.
manu | Relatos (no muy) cortos | Domingo 30 Abril 2006 6:07am
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